miércoles, 14 de marzo de 2012

LAS PLANTAS Y EL CALENTAMIENTO GLOBAL

           Sin el efecto invernadero, la Tierra podría ser un lugar frío y sin vida. El dióxido de carbono y el vapor de agua en la atmósfera absorben el calor solar como si reirradiaran la superficie de la Tierra y mantuvieran caliente el planeta. El efecto invernadero, naturalmente, también tiene su desventaja. Algunos investigadores predicen que dentro de 60 años, la temperatura global se elevará casi 4°C mientras la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera se duplique. Mucho peor, un nuevo estudio afirma que la interacción de altos niveles de dióxido de carbono con la vegetación, podría ampliar el calentamiento global en un 50%.
            ¿Cómo podrían las plantas empeorar el calentamiento global? Los culpables, dice el biólogo Jim Collatz del Centro de Vuelos Espaciales Goddard de la NASA, son unos pequeños poros llamados estomas, sobre la superficie de las hojas. Las estomas permiten al dióxido de carbono filtrarse dentro de las hojas, donde es utilizado en la fotosíntesis, y también dejan salir el agua. Normalmente, cuando el sol calienta una planta, el agua dentro de la planta se calienta y evapora fuera de las estomas. Pero para cortar la pérdida de agua, las estomas se cierran cuando una hoja ha absorbido suficiente dióxido de carbono, y a medida que la concentración de dióxido de carbono sube, permanecen cerradas por más periodos de tiempo. Con las estomas cerradas, el agua caliente dentro de la planta no puede escapar. El agua calienta la planta, y las plantas a su vez calientan su entorno. Así, la energía del sol, en lugar de ser utilizada para evaporar el agua de la vegetación, calienta las plantas, y el resto del planeta.
            Encontrar cuán significante este efecto podría ser, Collatz y un equipo de investigadores encabezado por Piers Sellers, científico atmosférico de Goddard, creó un modelo de computadora que estimó los intercambios de calor, agua y radiación entre la tierra, los océanos y la atmósfera. El modelo también predijo el efecto de niveles aumentados de dióxido de carbono en la vegetación del planeta.
            Si los niveles de dióxido de carbono se duplicaran durante los próximos 60 años, el modelo predice que las estomas cerradas agregarán 2 °C a los 4°C esperados del efecto invernadero. “Es una cantidad significativa de calor”, dice Collatz “Y de una fuente que no ha sido previamente dirigida en ningún otro modelo”. Aunque las plantas con estomas cerradas pudieran liberar menos vapor de agua—por sí mismo un importante gas de invernadero— ese efecto sería sobrepasado globalmente por la evaporación aumentada de los océanos  en un mundo de CO2 caliente. Mientras tanto, la caída de vapor de agua en la atmósfera sobre las tierras, podría tener un efecto decisivo, encontrando el modelo que podría detener la lluvia sobre áreas verdes durante una estación creciente.

Revista “Discover, the world of science”,  July 1996.

lunes, 5 de marzo de 2012

DORMIR ALLÁ ABAJO

Biólogos que estudian la hibernación se han enfocado principalmente en las criaturas del hemisferio norte. Ahora están prestando atención al fenómeno del sur del ecuador.

Hasta hace poco, se pensaba que la hibernación ocurría solamente entre los animales del hemisferio norte. Sólo en los pasados diez años el proceso ha sido documentado y estudiado en mamíferos del sur. Uno de los objetivos de este estudio es la comadreja pigmeo de montaña, de ocho pulgadas de largo. Unos 2,000 de estas especies permanecen en estado salvaje, en campos esparcidos de canto rodado a 1,600 metros de altura, en los Alpes australianos.
El zoólogo Fritz Geiser de la Universidad de Nueva Inglaterra en Australia ha estado monitoreando estos animales desde el último año, cuando descubrió que llegado el invierno, se enrollan como balones apretados, enfriándose e hibernando.
Geiser colocó radio transmisores sensibles a la temperatura, a diez comadrejas pigmeos y registró su temperatura por cinco meses. Cuando hibernan, encontró, la temperatura de su cuerpo cae de 36 a 2 °C y su índice metabólico cae al 1% de su nivel normal. La temperatura del cuerpo de los osos, típicamente cae unos 5 grados, y su índice metabólico baja a un tercio del normal.
También inusuales son los ratones lémur de Madagascar. Gerhard Heldmaier, zoólogo de la Universidad de Marburgo en Alemania, ha mostrado que tanto el ratón lémur gris común, como el ratón lémur bermejo occidental (el cual hasta el último año se pensaba que estaba extinto) rutinariamente entran a un estado llamado apatía diaria. Durante el dormitar normal, la temperatura de cuerpo de un mamífero generalmente baja a medio grado o aproximado. (Esa es la razón porque las personas se cubren con una manta cuando se van a dormir) Pero en una apatía diaria, la temperatura de un lémur puede caer hasta 30 grados o más y luego se calienta hasta llegar a su nivel normal, por todo un periodo de seis a ocho horas. A medida que el día calienta, los lémures se calientan también, recuperando su temperatura normal al mediodía. Esto podría sonar como la estrategia de un animal de sangre fría, pero los lémures tienen un índice metabólico mucho más alto que cualquier reptil y pueden generar calor de su propio cuerpo. Utilizando el calor del sol, son mucho más eficientes. Muchos lémures son nocturnos y tienen una temperatura normal en su cuerpo de 37°C.
Heldmaier encontró que durante la apatía diaria, alrededor de las cuatro de la mañana  su temperatura cae estrepitosamente, alcanzando los 20°C a las ocho de la mañana. “Durante esas horas, viven de una fracción de la energía requerida que normalmente tienen”, dice Heldmaier. Calcula que los ratones lémur ahorran un 40 a 50% de su energía normal que gastan.
Lo que más sorprende, es que los  ratones lémures se convierten en seres inactivos bajo condiciones relativamente leves. La temperatura en el Madagascar tropical raramente desciende debajo de los 10°C. Pero durante la estación del invierno seco, dice Heldmaier, los insectos, hojas y frutas que los lémures comen, escasean. La hibernación y la apatía, no son meramente adaptaciones de los animales del norte al frío, sino una estrategia universal de ahorrar energía, y sospecha que muchos otros seres que hibernan, permanecen a ser descubiertas en el hemisferio sur.
Los animales del hemisferio sur tienen una necesidad particular para tales estrategias. El Niño, una fluctuación periódica en la temperatura del océano, de la costa oeste de Sudamérica, altera los patrones de clima en todas las latitudes del sur. “En Australia” dice Geiser, “Tenemos inundaciones o sequías, pero nada juntos. Así eso pone mucha presión en los animales para desarrollar trucos con el fin de sobrevivir”. Entrando a una apatía diaria, un animal evita gastar energía buscando comida durante periodos de escasez.


                         Comadreja pigmeo de montaña,
                    acurrucada para dormir en el invierno

Muchos mamíferos del sur también tienen un índice de metabolismo y temperaturas del cuerpo más bajos que sus contrapartes del norte. Esto se pensó cierta vez, que era signo de un sistema de termorregulación primitiva. Pero a la luz de nuevos hallazgos en el hemisferio sur, muchos biólogos están ahora comenzando a ver estas pruebas como adaptaciones a un impredecible clima en lugar de un vestigio de un ancestro reptiliano de sangre fría.
Entretanto, muchas interrogantes básicas sobre la hibernación todavía deben ser respondidas, como por ejemplo, cómo es que los animales que hibernan sobreviven a temperaturas que matarían a seres que no lo hacen, nuevas investigaciones han demostrado que la hibernación no es un fenómeno limitado. “No sólo son animales de climas fríos, no son sólo pocas especies,” dice Geiser. “Es una adaptación general de muchas especies que enfrentan una potencial crisis de energía”

Fuente: Shanti Menon, Revista “Discover, the world of science” December 1996.

lunes, 27 de febrero de 2012

EL MAL AIRE EMPEORA

La malaria mata entre uno y dos millones de personas en el mundo cada año. Casi el 90% de los casos ocurren en África y el sudeste de Asia. Aunque la enfermedad es ahora considerada como rara entre los países desarrollados, eso podría cambiar con el calentamiento global, advierten investigadores en Italia. Hace 50 años dicen, la malaria podría haberse difundido a varias partes del mundo que en la actualidad son demasiado fríos para soportar el ciclo de vida de los mosquitos y sus parásitos que transmiten la enfermedad.
Algunas 50 a 60 diferentes especies de mosquito del género anofeles, alojan cuatro especies de parásitos—entre ellos, un protozoario de célula simple llamado plasmodio—que causan la malaria. El más peligroso de los cuatro no sobrevive debajo de los 19°C. En los países de clima templado, el drenaje de pantanos y el uso de pesticidas, ha convertido a la malaria en una rara epidemia. Desafortunadamente, eso podría cambiar con el calentamiento global, dice el físico ambientalista Philippe Martin.
“La gente piensa que si hace un poco más de calor, entonces se aumenta un poco más el aire acondicionado” dice Martin. Pero las implicaciones del calentamiento global, pueden ser más insidiosos que facturaciones más altas por consumo de electricidad. Él y sus colegas del Centro de Investigaciones de la Comisión Europea en Italia, recogieron información de cinco modelos meteorológicos hechos por laboratorios de investigación de todo el mundo. Cada modelo proyectó cómo el clima del mundo podría cambiar bajo la suposición que los niveles normales de dióxido de carbono pudieran duplicarse n los próximos 50 a 100 años.
Usando estos modelos, Martin y sus colegas predicen un 7 a 28 por ciento de aumento del territorio donde la malaria podría ocurrir. Aunque las enfermedades relacionadas a los mosquitos pueden existir en muchas áreas templadas de la actualidad, los programas de salud pública y erradicación de los mosquitos  los mantienen bajo control. “La infraestructura existente podría ser arrollada si las condiciones son realmente aumentadas por la transmisión de la enfermedad”, dice Martin.
La mayoría de los nuevos territorios de la malaria caen en el hemisferio norte y Australia. En partes de Asia y África, predicen los investigadores, un clima más caliente ocasionará que las aguas estancadas en donde los mosquitos anidan, se sequen. Pero lejos de ser buenas noticias, dicen, este cambio podría ser mucho peor: significará que las personas en aquellas áreas donde no estarán más expuestas a la malaria por años, tendrán menos oportunidad de adquirir resistencia, y se convertirán entonces en seres vulnerables a enfermedades estacionales más mortales.
De todas las predicciones relacionadas al clima, la predicción de la expansión de la malaria está cubierta por un velo de incertidumbre. Por ejemplo, es posible que no sigamos emitiendo dióxido de carbono a niveles normales. “Si dejáramos de arrojar dióxido de carbono a la atmósfera ahora, entonces la malaria no pasaría”, dice Martin”. “Sería feliz si estuviera totalmente equivocado, porque significaría que hemos hecho algo sobre estos problemas”.

Revista “Discover, the world of science”,  March 1996.

martes, 21 de febrero de 2012

ASPECTO LÚGUBRE DE MÍTICAS PROPORCIONES

            En 1607, ciento cuatro refugiados fundaron la colonia Jamestown, en la que ahora es Virginia. Un año más tarde, 38 de ellos todavía vivían. Muchos habían muerto de hambre. Algunos de los sobrevivientes fueron empujados más tarde al canibalismo. “La historia de lo que fue un inexorable lugar, alcanzó míticas proporciones” dice el arqueólogo Dennis Blanton del Colegio William y Mary en Williamsburg, Virginia. Los estudiosos nunca entendieron totalmente por qué la vida fue una lucha en Jamestown. Sus aguas estuvieron llenas de peces, los bosques con abundancia de animales y pájaros—¿Cómo pudieron los colonos haber decaído hasta morir? Muchos historiadores han culpado a la ineptitud y falta de preparación. Blanton, sin embargo, dice que los colonos no podrían haber fracasado por simplemente una cosa: se les ocurrió llegar en una de las peores sequías de la historia.
            Mirando a través de los diarios de John Smith y otros colonos, Blanton tomó nota de unos pocos comentarios aislados. Un colono mencionó que un jefe indio les pidió rezar a su dios blanco para que llueva, ya que sus dioses indios no respondían ante sus plegarias. John Smith reportó que ellos se quejaban de una pobre cosecha de maíz y no estaban dispuestos a venderles su producto. “Los nativos le dijeron básicamente, mire John, no tenemos nada más para dar”, dice Blanton. Tal vez los nativos no estuvieran siendo rencorosos, piensa Blanton. Los inexpertos colonos podrían no haberse dado cuenta de que estaban en medio de una severa sequía.
            Encontrar evidencia de una temporada seca dentro de un periodo de sólo pocos años, sería casi imposible usando tradicionales herramientas de la arqueología. “Usted no va a obtener información específica excavando en la tierra,” dice Blanton, así, llamó al experto en dendrocronología David Stahle de la Universidad de Arkansas. Estudiando los anillos de los árboles de todo el mundo, Stahle y sus colegas han creado un registro del clima que data hasta 800 años en Virginia (y diez veces más en otros lugares). Los árboles agregan una capa de madera cada año, y como cualquier planta, crecen más en tiempos húmedos que en secos. Analizando la anchura de crecimiento de los anillos, Stahle puede decir cuánta lluvia ha caído año tras año, en un área particular. Entre los árboles en su registro se contaron escuetos cipreses de mil años, de la región de tierras bajas de Virginia y Carolina del Norte. Blanton explicó su teoría de la sequía y le preguntó a Stahle lo que sus árboles tienen que decir al respecto. “No sé como interpretaron ellos la idea, pero para complacerme, dijeron que tenían que hacerlo” dijo Blanton. “Estaba como un padre a la espera—insistí llamándolos sobre los resultados y finalmente dijeron que era increíble, que tenía razón”. Stahle, quien publicó sus resultados de equipo en abril, detectó una sequía de siete años, de 1606 a 1612, el peor en 770 años. El índice de mortalidad en los primeros seis años de Jamestown, 1607 a 1613, fue un aterrorizante 50%. El maíz blanqueado en sus tallos, y el agua para beber, era difícil de encontrar. El cercano río James es salado aún en los mejores tiempos, por lo que los colonos sólo excavaron para llenarse con aguas salinas, mientras la sequía disminuía el agua para beber. Las relaciones entre los colonos y los nativos crecieron grandemente en dificultad. “Usted tiene de repente dos culturas extrañas en contacto, tratando de entenderse uno al otro. Esa tensión es suficiente”, dice Blanton. “Agregar a ello una escasez de comida y problemas con el agua, lo hizo aún peor”.
            Los anillos crecientes revelaron una sequía aún más severa de 1587 a 1589, coincidiendo con las misteriosas desapariciones de la colonia Roanoke, el primer asentamiento inglés en el nuevo mundo. Roanoke, fundado en 1585, fue visto por última vez en agosto de 1587, el primer año de la sequía. Para 1589, la colonia había desaparecido inexplicablemente. “La sequía de la colonia perdida” dice Stahle, “se ha considerado como el peor en 800 años”. La sequía fue particularmente severa en la región de bajamar, pero sus efectos se sintieron por años, a través de gran parte de Norte América, incluyendo México, California y el sudeste de los Estados Unidos. “Finales de los años de 1500 es el registro de todo el tiempo de sequía en un milenio,” dice Stahle. “Pienso que esto nos da una nueva perspectiva del inicio europeo en Norte América. La sequía afectó la expansión de España y los intentos ingleses de asentarse.” Y agrega  Blanton que “cualquier esfuerzo de colonizar pudo haber sido grandemente rechazado por una sequía de esa magnitud.”  

Shanti Menon, de la revista “Discover, the world of science”,  January 1999.

jueves, 16 de febrero de 2012

EL HOMBRE DE LAS CAVERNAS CUIDABA DE SUS INVALIDOS

A los núcleos humanos que habitaron Europa central, suroriental y el occidente de Asia hace unos 100,000 años, se les dio el nombre genérico de hombres de Neandhertal. Aquellas agrupaciones humanas recibieron este nombre, porque los primeros fósiles fueron hallados alrededor de 1856, en cavernas situadas en un pequeño valle llamado de Neandhertal, cerca de Dusseldorf, Alemania.
Como consecuencia del descubrimiento de otros depósitos de fósiles, en cavernas y de su estudio, se reconocen ahora diferentes agrupaciones de la raza Neandhertal. Aunque las características físicas difieren un tanto entre los numerosos grupos que poblaron las regiones mencionadas, tienen algunos rasgos que son comunes.
Los hombres de Neandhertal se identifican en general por la pequeñez del cráneo, la frente angosta, huesos ciliares protuberantes, pómulos moderadamente salientes y huesos de las extremidades y del tronco fuertes y cortos. Su contextura ósea es diferente a la de los seres humanos modernos.

Lo que Dicen los Fósiles.

Los restos fosilizados descubiertos en distintas cavernas, pertenecientes a hombres de Neandhertal no sólo muestran cómo eran, sino también cómo vivían aquellos seres primitivos. También permiten conocer sus sentimientos. Esos restos permiten establecer su comportamiento y dejan entrever ciertos atributos que colocan definitivamente a la especie humana fuera de la línea común de las otras especies animales.
Por el medio en que les correspondió vivir  y por las dificultades que tuvieron que afrontar para no dejarse vencer por las fieras y las inclemencias del clima, se da por aceptado que tuvieron que ser de naturaleza brutal, con inclinación más hacia lo animal que a lo humano, sucios y siempre listos a matar.
Sin embargo, en estos semihombres de naturaleza salvaje, existieron sentimientos y cualidades que les colocan en un plano totalmente diferente al del animal. Muchas veces con el término “hombre de las cavernas” se quiere dar a entender lo que es antihumano e instintivo. A ellos quiere atribuírseles la violencia que muestran sus descendientes, el deseo patológico del hombre actual por estropear y dar al traste con el ambiente que le rodea, mas, esta no es la realidad.

El Altruismo, Característica Humana.

A lo largo de más de cien mil años la especie humana ha demostrado ser única. A diferencia de las especies animales, el hombre tiene capacidad de discernimiento,  de selección y de distinción de lo bueno que en él existe, entre las muchas complejas características de su naturaleza. En esta forma ha podido, paso a paso, escalar su actual posición en el mundo. Con esto se comprueba que las acciones del hombre no deben juzgarse por su animalidad sino por su humanidad.
¿Podría explicarse la inclinación a matar de algunos seres como la herencia biológica de los primeros hombres cazadores, depredadores como la mayor parte de los animales que le rodeaban?. La experiencia muestra que casi todos los humanos sienten desagrado, dolor y disgusto cuando tienen que matar. Cuando sobrevienen las guerras, por ejemplo, se trata por todos los medios de justificarlas con la más sutil  propaganda. Porque en el fondo nadie las considera deseables, aunque se tenga la convicción del triunfo. El altruismo es, desde que se tiene noticia de la historia del hombre, uno de sus valores absolutos.

Los Fósiles Cuentan Conmovedoras Historias.

El eminente científico René Dubos, profesor de la Universidad Rockefeller, en una de sus obras explica que en la caverna de Shanidar, en Irak, se halló el esqueleto fosilizado de un hombre adulto neandhertaliano. Los restos indican que este hombre vivió hace más o menos unos 50,000 años. Mostraban que fue ciego, y que siendo aún niño perdió uno de sus brazos. Mostraban también que su muerte fue accidental, aplastado por rocas desprendidas de la caverna, a la edad de 40 años.
El recuento de estos detalles tiene por finalidad destacar el hecho de que un hombre ciego e inválido, necesariamente debe ser incapaz de valerse por sí mismo, para buscar alimento o para defenderse. No obstante vivió 40 años y su muerte no fue por causas naturales. Es lógico suponer que durante su vida recibió las atenciones y cuidados de los miembros de su clan. Mostraron con él sentimientos altruistas, de ayuda mutua, de humanidad. No lo consideraron un lastre ni lo abandonaron a su suerte. Tuvieron con él caridad.

* De la revista “7 DIAS”, del 13 de Agosto de 1976, Lima - Perú.

EL MAL HUMOR DE LAS HORMIGAS

Con sentido moral y didáctico, Jean de la Fontaine creó en todos los hombres mediante sus maravillosas fabulas, la imagen de una hormiga laboriosa, previsora y perseverante.
Otros escritores, Mauricio Maeterlinck y Henry Fabre entre ellos, han dicho que la hormiga es uno de los seres más valientes y altruistas que existen en la naturaleza. Que es, además, ejemplo de organización social y que sus hormigueros podrían servir de modelos a las grandes urbes urbanas.
Todo ello puede ser verdad. Pero si nos acercamos con especial detenimiento a este maravilloso insecto, descubrimos su lado desagradable: la intolerancia y la irritabilidad. A la más pequeña violación de sus “derechos”, la hormiga protesta con todas sus fuerzas. Y no se trata,  precisamente, de protestas moderadas.
Dispone de medios defensivos tan variados como eficaces. Hay hormigas que inundan con chorros de un líquido acre  y sofocante al impertinente que se acerca; otras manifiestan su cólera con picaduras quemantes; y la mayoría inflige dolorosos mordiscos con sus poderosas mandíbulas. En algunas regiones tropicales, especialmente de América, viven hormigas cuya picadura puede tener graves consecuencias para el hombre. Esta es la otra cara de los simpáticos insectos.
               
Violentas armas defensivas.
 
Todas las hormigas con excepción de los machos, poseen un órgano defensivo en la parte posterior del abdomen. Dicho órgano, particularmente desarrollado en las obreras, se compone de cinco partes: glándula secretora propiamente dicha; vejiguilla de veneno que sirve de receptáculo; conducto eyaculador; aguijón y la glándula accesoria.
De acuerdo con las dimensiones, forma y posición de estas partes, existen diversos tipos de órganos, cada uno característico de las subfamilias en que está dividida la gran familia de las hormigas.
Así,  por ejemplo,  en las hormigas picadoras (que constituyen la inmensa mayoría) el aguijón está bien desarrollado pero sus dimensiones varían. Es accionado por un sorprendente juego de músculos antagonistas (que actúan en sentido contrario, como los flexores y los extensores) que permiten impeler o recoger el aguijón. Cuando la hormiga se enoja, hace avanzar el dardo, lo hunde en el cuerpo de su enemigo y expulsa, simultáneamente, una gotita de veneno.
Algunas de las hormigas llamadas superiores, carecen del aguijón, que está transformado en una especie de “pera” de lavado, desde el cual las hormigas enfurecidas lanzan con fuerza el líquido de la vejiga.
Otras poseen aguijón, como el de las hormigas picadoras, pero está atrofiado y no funciona eficazmente. Sin embargo, la naturaleza no las deja inermes y utilizan como medio de defensa una secreción viscosa y olorosa procedente de glándulas de la región anal.
En la glándula accesoria la hormiga tiene un líquido que le sirve de antídoto, es decir, la protege de la acción de su propio veneno.

“Instrumentos” de tortura.

Entre las hormigas picadoras o punzadoras se hallan las más peligrosas para el hombre. Algunas, como la mayoría de las que habitan en Europa, sólo producen con sus picaduras ligeras inflamaciones o irritaciones. Por el contrario, la picadura de muchas de las especies tropicales resulta a veces peligrosísima e incluso mortal.
Los antiguos habitantes de México torturaban y mataban prisioneros de guerra exponiéndolos a picaduras de hormigas. En algunas tribus de Congo —y esta costumbre persistió hasta este siglo— las mujeres adúlteras eran castigadas cubriéndolas con hormigas rojas cuya picadura producía espantosos dolores.
Una sola picadura de los géneros sima y pachysima basta para dejar dolorido todo el brazo y hasta movilizarlo temporalmente.
La pachydondyla y la dorilina, de Centro y Sudamérica, y la myrmecia de Australia figuran entre las hormigas más peligrosas. Su picadura produce, además de intenso dolor local y zona conjunta, fiebre, vómitos y otras alteraciones orgánicas. En Australia es común que los indígenas se nieguen a cortar árboles donde haya estas hormigas.
Es terrorífico el relato que el escritor colombiano José Eustacio Rivera hace en su novela La Vorágine, sobre las impresionantes legiones de hormigas rojas que devoraban todo lo que hallaban a su paso en las selvas colombianas del Putumayo.

Efectos de las picaduras.

Los efectos que las picaduras de las hormigas producen en el hombre, depende de tres factores:
                               1.  Longitud del aguijón
                               2.  La toxicidad del veneno, y
                               3.  La cantidad de veneno inyectada.
Las hormigas más peligrosas son las que reúnen dos de estas condiciones: agujón largo y veneno activo; o bien, aguijón largo y gran cantidad de veneno.
La índole química del veneno de las hormigas picadoras no es aun completamente conocida como lo es ya, por ejemplo, el de las abejas. Algunos lo comparan, por su toxicidad, con el de ciertos tipos de serpientes e incluso con el curare, veneno vegetal que ponen en sus flechas los indios del Amazonas, Orinoco y las Guayanas. Pero como quiera que sea, parece que se trata de compuestos químicos muy complejos y que, en general, solo han podido ser estudiados más ampliamente en las grandes hormigas tropicales, venenosas en su gran mayoría, y que son la causa de muchos trastornos en la salud de los campesinos. Y de alguno que otro veraneante despistado. 

* De la revista “7 DIAS” del 28 de Junio de 1974, Lima - Perú.

miércoles, 15 de febrero de 2012

KNM-ER 1470 DOPO DARWIN

Este título se refiere a un cráneo femenino de una especie cuasihumana llamada por los paleontólogos “homo erectus”, que los científicos italianos Sermonti y Fondi esgrimen como un argumento poderoso contra la teoría de la evolución de Darwin.
Giuseppe Sermonti y Roberto Fondi, han escrito, no hace mucho, un libro titulado “Después de Darwin” (en italiano “Dopo Darwin”) en el que hacen la crítica más sistemática, aguda y despiadada que jamás se haya hecho de la teoría de la evolución de Darwin y, en general, del darwinismo moderno. El hecho de que Sermonti sea uno de los bioquímicos más prestigiosos de Italia y Fondi sea un joven paleontólogo que se distingue, ya, en los medios internacionales, confiere especial interés al libro. Porque se trata de un ataque a fondo contra una de las teorías científicas más aceptadas en nuestra civilización moderna.
Como diría Ortega, contamos con la teoría de la evolución de manera tan radical que, una idea, se ha transformado en una creencia. Atacarla con saña es ya motivo de escándalo y, si además de la saña hay argumentación científica seria, el libro se transforma en un best seller (en un sólo año se han hecho tres ediciones).
La cantidad de argumentos contra la teoría de la evolución que presentan los autores es muy grande; y algunos de ellos son muy elaborados. Es imposible, por eso, en un artículo periodístico dar una visión global de la discusión. Pero creemos que presentando dos argumentos importantes, se puede dar una idea bastante clara de lo que es el libro. Estos argumentos pueden llamarse: la inutilidad adaptativa de las mutaciones y la inhallabilidad del eslabón perdido.
Según el darwinismo moderno, la evolución se produce de la siguiente manera: debido a ciertos acontecimientos como el sometimiento de un organismo a una radiación especialmente intensa (1), uno o más genes pertenecientes al código genético de sus células germinales (2) cambian su estructura química. Al cambiar de estructura química, el código genético comienza a funcionar de manera diferente y, en consecuencia, cuando dicho organismo se reproduce, la prole resulta con caracteres que no tenían los progenitores. Si estos caracteres favorecen la adaptación al medio, la lucha por la existencia, la prole tiene una buena probabilidad de reproducirse. En este caso la descendencia de los progenitores originarios proliferará rápidamente y formará un conjunto de animales parecidos a aquellos pero algo diferentes (por ejemplo pueden tener cachos más largos, o manchas en lugares en que antes no existían). Si los genes del código genético de este nuevo conjunto siguen variando, se va formando una nueva especie. Desde luego, en caso de que los nuevos caracteres, adquiridos de la manera descrita, resulten negativos para la adaptación del organismo al medio, la prole irá desapareciendo rápidamente y no se formará ninguna especie nueva.
Según Sermonti y Fondi es cierto que, de cuando en cuando, se producen cambios en el código genético de algunos miembros de una especie dada, pero estos cambios no tienen nada que ver con la adaptación al medio. Son cambios arbitrarios, que no son favorables ni desfavorables en relación a la lucha por la existencia. Por ejemplo, el color de los ojos, o del pelo, o las manchas de la piel, etc. (3). Si se piensa que el grado de la adaptación al medio se mide por la supervivencia de la especie, entonces no cabe duda de que los organismos más primitivos, como las bacterias, son los mejor adaptados puesto que han sobrevivido mucho más tiempo que los organismos más complejos como los peces, los reptiles, las aves y los mamíferos.
El segundo argumento es aún más impresionante. Sermonti y Fondi presentan numerosas pruebas de un hecho revelador: hasta el momento no se han hallado fósiles que permitan tener la seguridad de que las especies modernas (e incluso las antiguas ya desaparecidas) se han ido formando por medio de cambios progresivos de caracteres a partir de organismos más primitivos. Esto puede parecer sorprendente pues todo el mundo ha oído hablar de la famosa historia de la evolución del caballo y de los diferentes cráneos humanoides que son considerados como los eslabones perdidos en la cadena de la evolución humana que, por fin, han sido encontrados. Pero de acuerdo a los últimos descubrimientos paleontológicos; por ejemplo, según citan nuestros autores, los realizados por Lull, Mathew, Stirton, Quinn y otros, resulta que los famosos eslabones siguen tan perdidos como antes.
Cuando se trata del hombre la situación es desconcertante (4). Hasta no hace muchos años se consideraba que la evolución del ser humano se había realizado a través de cuatro tipos: australopiteco (el más antiguo de todos, alrededor de un millón de años), el pitecántropo, el sinántropo y el neanhdertaliano. Pero ahora resulta que al lado de estos tipos hay muchos otros como el javantropo, el atlantotropo, el tchadantropo, el proantropo, el telantropo y, el más desconcertante de todos, el praezinjatropo o, como también se le llama, el homo habilis. El grado evolutivo de estos tipos es un verdadero enredo. Hay, por ejemplo, tipos primitivos que parecen descienden de otros más avanzados.
Pero lo más desconcertante de todo es la existencia del homo habilis, porque resulta que este tipo es mucho más antiguo que todos los demás y, sin embargo, es el que más se acerca al modelo humano. El cráneo clasificado como el KNM-ER 1470, encontrado junto a cinco más en Koobi Fora, Kenia, muestra que el homo habilis existió antes que el australopiteco y el sinántropo, de los cuales se creía que descendía el hombre. La grácil —y ¿por qué no pensarlo? hermosa— mujer que poseía ese cráneo existió hace unos tres millones de años.
La increíble conclusión a que llegan Sermonti y Fondi es que la evolución no existe, que las especies no provienen unas de otras sino que han existido siempre. Que son eternas y que su aparición sobre la Tierra se debe a la manera como captamos el tiempo. O sea, pretenden regresar a la visión tradicional de la vida, a las especies creadas por Dios (o tal vez existentes como ideas divinas en el seno de un Dios naturaleza).
Lo malo es que el remedio que proponen es peor que la enfermedad. Se trata de una hipótesis totalmente inverificable, es decir, de pura metafísica. Después de todo, la ciencia de la realidad tiene que contar con datos experimentales. Y la teoría de la evolución tiene por lo menos la ventaja de que puede ser confrontada con los hechos. Los hechos no parecen hasta ahora confirmarla. Hay, sobre todo, algo que ya nadie puede ignorar: que los cambios genéricos se producen de manera casual y que, en su mayoría, no parecen ser útiles para la adaptación al medio. Pero esto no significa que unas especies no provengan de otras. La situación actual muestra que las líneas evolutivas no son tan simples como se creía, que hay avances y retrocesos, zigzagueos, cruzamientos inesperados; pero no torna imposible una teoría de la evolución, liberada de su mitología. Como casi todas las ciencias, la biología y la teoría de la evolución están entrando en una nueva y revolucionaria etapa. Sólo el futuro nos dirá cuál será su nuevo camino, pero nos atrevemos a predecir que no será el de las especies fijadas para siempre...La frase de Ortega aplicada al hombre, debe universalizarse, la naturaleza tampoco tiene naturaleza...sólo tiene historia (5).

Notas:

1) Los cambios genéticos pueden deberse a factores diferentes de la radiación; por ejemplo, pueden producirse espontáneamente, o por la incorporación en las células del organismo de ciertas sustancias químicas (esta transformación se hace, por lo general, en el laboratorio).
2) En general cuando una radiación produce cambios genéticos, los produce en un gran número de células del organismo. Pero los cambios que influyen en la conformación de la prole son, desde luego, los que se producen en las células sexuales.
3) Puede pensarse que el color de los ojos puede ser útil para la adaptación al medio. Por ejemplo, los ojos negros son mejores, para resistir el fuerte sol africano, que los azules. Pero, entonces, no puede aplicarse evolutivamente la enorme cantidad de personas con ojos negros que existen en los climas fríos.
4) Es una lástima no poder exponer la crítica que hacen los autores a la teoría de la evolución del caballo. Tenemos que limitarnos a decir que la situación es análoga a la que hemos señalado en relación al ser humano.
Hasta hace poco se creía que el caballo había evolucionado en cuatro o cinco grandes etapas. Hoy día la situación es un enredo del que no se sabe cómo salir.
5) La famosa frase de Ortega es: “El hombre no tiene naturaleza, tiene historia”.

Por Francisco Miró Quesada. Revista “GENTE” 1983.

martes, 14 de febrero de 2012

HISTORIA DE UN INVIERNO GLOBAL

            Cuando uno mira en los genes, encuentra que las personas de todo el mundo son sorprendentemente similares. Algunos antropólogos creen que esta homogeneidad genética es el resultado de un “cuello de botella poblacional”—que en algún momento del pasado de nuestros ancestros, ocurrió un evento que redujo grandemente el número, y por ende nuestra variación genética.
            Basado en estimados de índices de mutación, el genetista de la Universidad de Pensilvania Henry Harpending, dice que el cuello de botella se produjo en algún momento después que los humanos modernos dejaran África hace 100,000 años y antes del incremento de una población estimulada por el advenimiento de mejores herramientas de piedra hace 50,000 años. Ahora el arqueólogo Stan Ambrose de la Universidad de Illinois ha relacionado la teoría de Harpending con evidencias geológicas, para explicar lo que causó el cuello de botella: una gigantesca erupción volcánica.
            Del geólogo Michael Rampino de la Universidad de Nueva York, Ambros supo que hace 71,000 años el Monte Toba en Sumatra, sopló 800 kilómetros cúbicos de ceniza en el aire— 4,000 veces más que el monte santa Elena en Washington—la más grande erupción volcánica en más de 400 millones de años. El Toba cubrió gran parte de la India  bajo cenizas y debe haber oscurecido el cielo en más de un tercio del hemisferio durante semanas.
            Rampino cree que sobrevino luego un invierno volcánico global que duró seis años, causados por la luz reflejante de las partículas de sulfuros, suspendidas en la atmósfera. La temperatura promedio del verano cayó a -6°C en las latitudes más altas y el 75% de las plantas del hemisferio norte podrían haber muerto. Pero lo peor vendría todavía. “Justo al final de aquellos seis años la temperatura tocó fondo” dice Ambrose. Comenzó una era de hielo de mil años, causada tal vez por el incremento de la cantidad de nieve que no pudo fundirse en el verano. Ésta cubierta de nieve pudo haber reflejado más luz solar de la superficie de la Tierra, haciendo el mundo más frío. El efecto en los humanos, quienes habían estado disfrutando un periodo de relativo calor, podría haber sido devastador. “Después de seis mil años de gozo” dice Ambrose “Fueron arrojados repentinamente al congelador”.
            Tal vez sólo unos pocos miles de personas, viviendo en bolsones aislados en África, Europa y Asia, sobrevivieron. Cuando el clima se calentó nuevamente, hace 70,000 años, y estos grupos aislados comenzaron a crecer. Ambrose y Harpending creen que las razas de hoy en día no son sino una pequeña muestra de la diversidad humana que una vez existió. “Imagine el invierno volcánico como un sucio y fracturado prisma”, dice Ambrose “Absorbe algunas longitudes de onda, o algunos genes, y otros pasan. Mientras el prisma está sucio, gran parte de la diversidad es absorbida. Ninguno viene con los colores originales”.

Revista “Discover, the world of science”,  December 1998.

lunes, 13 de febrero de 2012

ESCENA DE UN CRIMEN GALÁCTICO


      Las cosas son muy tranquilas en nuestra Vía Láctea, pero los astrónomos han sospechado durante mucho tiempo que nuestra galaxia hogar podría ser una galaxia caníbal, brutalizando y consumiendo a sus vecinos más cercanos. Recientemente un equipo internacional de investigadores encontró evidencia de que la Vía Láctea está ciertamente en proceso de hacer trizas las grandes y pequeñas nubes de Magallanes, dos pequeñas galaxias cercanas. La evidencia viene en forma de vapor de gas que se extiende desde las nubes de Magallanes a la Vía Láctea. Los astrónomos han tenido conocimiento de un vapor que se extiende en otro sentido, detrás de las nubes, sin descartar que este gas estuviera siendo soplado como el cabello en un ventarrón. Patricia Henning, una radioastrónoma de la Universidad de Nuevo México en Albuquerque, dice que un estudio del cielo en el hemisferio sur, ha descubierto también un importante brazo de gas, el cual sugiere que las mareas gravitacionales están actuando. “Es análogo a porqué tenemos dos mareas en la Tierra”, dice Henning, “El océano está alargado en dos direcciones—un lado frente a la luna y el otro lejos de ésta”.

                   
                                            Nube de Magallanes

Revista “Discover, the world of science”,  December 1998.

LOS CONEJOS SON MÁS COMO NOSOTROS

 
Aún desde que Linneo ordenó todos los seres vivientes en familias, géneros, y especies—en otras palabras, aún desde el siglo XVIII—los conejos han sido clasificados como roedores. La clasificación parece natural. Como los ratones, ratas, conejillos de indias y otros roedores, los conejos tienen largos y atenazadores incisivos. Pero un zoólogo encontró evidencias genéticas de que los ratones podrían de hecho estar más cerca de los primates, incluyendo los humanos, que los roedores.
Dan Graur, de la Universidad de Tel Aviv, basa su sorprendente afirmación en un estudio de mutaciones genéticas, el cual produce cambios en la secuencia amino ácida de la proteína para un código de gene, del que se asume que se acumula a una velocidad regularmente estable. Entonces cuanto más diferentes amino ácidos encuentre en la misma proteína tomada de dos diferentes especies animales, más tiempo entonces debe haber transcurrido desde que ambos divergieron de un ancestro común.
Graur comparó secuencias amino ácidos en 91 proteínas de humanos, monos, ratas, conejos y otros mamíferos. Encontró que, en promedio, las proteínas de los conejos difieren de las mismas proteínas de las ratas, en casi 13%, mientras que las proteínas de los conejos y los primates diferían en menos de un 10%. Aunque es difícil asignar una escala de tiempo exacta a las relaciones entre los grupos de mamíferos, los resultados de Graur implican que los conejos y los primates se separaron sólo después que su linaje común había divergido de las ratas y los ratones. Por lo tanto, los roedores, piensa Graur, pueden no ser un grupo natural en absoluto, a pesar de Linneo. “Muchas personas han supuesto que todos los roedores evolucionaron relativamente hace poco, junto con los otros mamíferos” dice Graur “Creo que el orden va a ser fragmentado dentro de linajes muy diferentes”.      

Rachel Preiser, de la revista “Discover, the world of science”,  January 1997.

EL PEOR GUSANO

            Muchos parásitos del ser humano son bien conocidos e innegablemente desagradables. Un informe de la revista médica británica The Lancet descubrió una nueva y especialmente feroz. La historia comenzó con un paciente de SIDA en California que fue a ver al doctor, quejándose de pérdida de peso y de dolores en el vientre. El examen de tomografía reveló una gran masa en su abdomen. Un corte del tejido del tumor descubrió células que un grupo de expertos no pudo identificar. Nueve semanas después el paciente murió.
            En la autopsia los doctores descubrieron que tres cuartas partes del hígado habían desaparecido. Varios tumores fueron removidos, incluyendo uno que medía ocho pulgadas, de su cavidad abdominal. Alrededor de una décima parte de las células en el tumor lucían muy extraños para ser células cancerosas. “Eran demasiado pequeñas para ser de humanos” dijo Luis Fajardo, un patólogo de Stanford y uno de los autores del informe publicado. Mucho más aún, contenían bastante sílice, el cual es extremadamente raro en células humanas.
            Estudios más avanzados del tejido descubrieron estructuras a modo de membranas llenos de muchas células, sin dar todavía con algo semejante a cualquier patógeno conocido. Finalmente el microbiólogo David Relman de la escuela médica de Stanford analizó el ADN de las células, seleccionando un gen familiar y comparándolo con las versiones de ese gen existente en otros organismos. No encontró una coincidencia exacta, pero encontró una gran semejanza a un gene en la familia de la tenia o solitaria.
            Esa semejanza genética demostró ser la única pista sólida: los investigadores ahora creen haber descubierto una nueva y terrible solitaria. “Puede que este sea un parásito que sólo infecta a individuos inmunodeficientes”, dice Fajardo. “Pero ha sido  tan agresivo, que preocupa si este parásito puede también infectar otros individuos”. 

Sarah Richardson, de la revista “Discover, the world of science”,  January 1997.