lunes, 27 de febrero de 2012

EL MAL AIRE EMPEORA

La malaria mata entre uno y dos millones de personas en el mundo cada año. Casi el 90% de los casos ocurren en África y el sudeste de Asia. Aunque la enfermedad es ahora considerada como rara entre los países desarrollados, eso podría cambiar con el calentamiento global, advierten investigadores en Italia. Hace 50 años dicen, la malaria podría haberse difundido a varias partes del mundo que en la actualidad son demasiado fríos para soportar el ciclo de vida de los mosquitos y sus parásitos que transmiten la enfermedad.
Algunas 50 a 60 diferentes especies de mosquito del género anofeles, alojan cuatro especies de parásitos—entre ellos, un protozoario de célula simple llamado plasmodio—que causan la malaria. El más peligroso de los cuatro no sobrevive debajo de los 19°C. En los países de clima templado, el drenaje de pantanos y el uso de pesticidas, ha convertido a la malaria en una rara epidemia. Desafortunadamente, eso podría cambiar con el calentamiento global, dice el físico ambientalista Philippe Martin.
“La gente piensa que si hace un poco más de calor, entonces se aumenta un poco más el aire acondicionado” dice Martin. Pero las implicaciones del calentamiento global, pueden ser más insidiosos que facturaciones más altas por consumo de electricidad. Él y sus colegas del Centro de Investigaciones de la Comisión Europea en Italia, recogieron información de cinco modelos meteorológicos hechos por laboratorios de investigación de todo el mundo. Cada modelo proyectó cómo el clima del mundo podría cambiar bajo la suposición que los niveles normales de dióxido de carbono pudieran duplicarse n los próximos 50 a 100 años.
Usando estos modelos, Martin y sus colegas predicen un 7 a 28 por ciento de aumento del territorio donde la malaria podría ocurrir. Aunque las enfermedades relacionadas a los mosquitos pueden existir en muchas áreas templadas de la actualidad, los programas de salud pública y erradicación de los mosquitos  los mantienen bajo control. “La infraestructura existente podría ser arrollada si las condiciones son realmente aumentadas por la transmisión de la enfermedad”, dice Martin.
La mayoría de los nuevos territorios de la malaria caen en el hemisferio norte y Australia. En partes de Asia y África, predicen los investigadores, un clima más caliente ocasionará que las aguas estancadas en donde los mosquitos anidan, se sequen. Pero lejos de ser buenas noticias, dicen, este cambio podría ser mucho peor: significará que las personas en aquellas áreas donde no estarán más expuestas a la malaria por años, tendrán menos oportunidad de adquirir resistencia, y se convertirán entonces en seres vulnerables a enfermedades estacionales más mortales.
De todas las predicciones relacionadas al clima, la predicción de la expansión de la malaria está cubierta por un velo de incertidumbre. Por ejemplo, es posible que no sigamos emitiendo dióxido de carbono a niveles normales. “Si dejáramos de arrojar dióxido de carbono a la atmósfera ahora, entonces la malaria no pasaría”, dice Martin”. “Sería feliz si estuviera totalmente equivocado, porque significaría que hemos hecho algo sobre estos problemas”.

Revista “Discover, the world of science”,  March 1996.

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