Cuando uno mira en los genes, encuentra que las personas de todo el mundo son sorprendentemente similares. Algunos antropólogos creen que esta homogeneidad genética es el resultado de un “cuello de botella poblacional”—que en algún momento del pasado de nuestros ancestros, ocurrió un evento que redujo grandemente el número, y por ende nuestra variación genética.
Basado en estimados de índices de mutación, el genetista de la Universidad de Pensilvania Henry Harpending, dice que el cuello de botella se produjo en algún momento después que los humanos modernos dejaran África hace 100,000 años y antes del incremento de una población estimulada por el advenimiento de mejores herramientas de piedra hace 50,000 años. Ahora el arqueólogo Stan Ambrose de la Universidad de Illinois ha relacionado la teoría de Harpending con evidencias geológicas, para explicar lo que causó el cuello de botella: una gigantesca erupción volcánica.
Del geólogo Michael Rampino de la Universidad de Nueva York, Ambros supo que hace 71,000 años el Monte Toba en Sumatra, sopló 800 kilómetros cúbicos de ceniza en el aire— 4,000 veces más que el monte santa Elena en Washington—la más grande erupción volcánica en más de 400 millones de años. El Toba cubrió gran parte de la India bajo cenizas y debe haber oscurecido el cielo en más de un tercio del hemisferio durante semanas.
Rampino cree que sobrevino luego un invierno volcánico global que duró seis años, causados por la luz reflejante de las partículas de sulfuros, suspendidas en la atmósfera. La temperatura promedio del verano cayó a -6°C en las latitudes más altas y el 75% de las plantas del hemisferio norte podrían haber muerto. Pero lo peor vendría todavía. “Justo al final de aquellos seis años la temperatura tocó fondo” dice Ambrose. Comenzó una era de hielo de mil años, causada tal vez por el incremento de la cantidad de nieve que no pudo fundirse en el verano. Ésta cubierta de nieve pudo haber reflejado más luz solar de la superficie de la Tierra, haciendo el mundo más frío. El efecto en los humanos, quienes habían estado disfrutando un periodo de relativo calor, podría haber sido devastador. “Después de seis mil años de gozo” dice Ambrose “Fueron arrojados repentinamente al congelador”.
Tal vez sólo unos pocos miles de personas, viviendo en bolsones aislados en África, Europa y Asia, sobrevivieron. Cuando el clima se calentó nuevamente, hace 70,000 años, y estos grupos aislados comenzaron a crecer. Ambrose y Harpending creen que las razas de hoy en día no son sino una pequeña muestra de la diversidad humana que una vez existió. “Imagine el invierno volcánico como un sucio y fracturado prisma”, dice Ambrose “Absorbe algunas longitudes de onda, o algunos genes, y otros pasan. Mientras el prisma está sucio, gran parte de la diversidad es absorbida. Ninguno viene con los colores originales”.
Revista “Discover, the world of science”, December 1998.
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